lunes, 14 de diciembre de 2009

"Allí estaban las entrañas de Poco –intestinos, hígado, corazón- flotando en una masa de sangre a medio coagular. Alicia se llevó una mano a la boca, apartó la mirada. Al lado del fregadero había un tazón negro lleno de sangre negra."

sábado, 12 de diciembre de 2009

Análisis Personales

"El material humano"

El material humano es una novela que oscila entre los frágiles límites de lo histórico y lo ficticio. En lo que dice relación con esto último, se basa principal y casi únicamente en la represión sanguínea acaecida en Guatemala (revisar contexto histórico), siendo presentada sin tapujos, con una soltura que sorprende, con lo que logra hacer sentir el miedo, el horror de un suceso que deja de presentarse de manera eufemística.


La historia se desarrolla, como el mismo Rey Rosa menciona en una de sus entrevistas, a partir del hallazgo de una gran cantidad de archivos policiales nacionales que son incluidos en “El material humano”, y que son constituyentes importantes de ella, por lo que posee un lazo completamente estrecho con la realidad histórica como al inicio mencionábamos, cuestión que el autor hace patente al inicio de la obra advirtiendo al lector sobre su semejanza con la realidad: “aunque no lo parezca, aunque no quiera parecerlo, ésta es una obra de ficción”


Otro de los aspectos de esta obra es que el autor se hace parte de ella, es partícipe de la obra como personaje principal, lo que se deduce al encontrar datos de su vida como si fueran del personaje.


Si bien se puede pensar, como mucha de la literatura que nace en el periodo que escribe Rosa, que es una literatura que pretende evidenciar los sufrimientos de la gente, los abusos de poder y denunciar la represión de la sociedad guatemalteca, no es lo que sucede con dicho autor, es más bien, como lo expresa Bolaño “No es un maestro de la resistencia sino una sombra, una raya que atraviesa veloz el espacio de la normalidad. Su elegancia nunca va en demérito de su precisión. Leerlo es aprender a escribir y también es una invitación al puro placer de dejarse arrastrar por historias siniestras o fantásticas" (Roberto Bolaño).



'Piedras encantadas'



Obra editada en Barcelona el año 2001, perteneciente al género de novela, poseedora de una extensión más bien breve (126 páginas) que se encasilla entre el género policíaco y la crónica social. Como ya era característico en el autor el libro tiene fuertes toques de denuncia.
Rey Rosa con su originalidad y sobriedad vuelve a poner a su país natal como escenario central de la obra, plasmando en sus páginas el verdadero mundo épico que reinaba en la zona ya que, como el mismo describe, Guatemala se había convertido en una "pequeña república donde el linchamiento ha sido la única manifestación perdurable de organización social". A través del carácter testimonial nos narra lo ocurrido en Guatemala y los problemas morales y existenciales que se suscitan.
Su obra está escrita con la precisión que lo caracteriza por excelencia, presenta a un narrador omnisciente, que sin mostrar muchos detalles deja que la novela hable por si misma.
La novela comienza mostrándonos el escenario en que se situará que, como ya fue mencionado, es Guatemala, pero no sólo nos entrega un panorama geográfico sino que también los rasgos psicológicos de las personas que habitan dicho país: “Guatemala, Centroamérica. El país más hermoso, la gente más fea. (p. 9)”, haciendo alusión no al físico de los guatemaltecos sino a sus actitudes y comportamientos, a su fealdad de alma. Este rasgo se vera representado en la obra a través de el egoísmo, la indiferencia, hasta en temas como el homicidio y el secuestro.
En síntesis, y sin ánimo de hurtar el privilegio de leerla y sorprenderse con ella, la obra trata de un hombre que atropella accidentalmente a un niño que estaba jugando en la calle y luego del hecho huye por temor a lo que le pudiera pasar, posteriormente comienza a desplegarse la trama de la novela que nos muestra las reacciones de los involucrados frente al suceso, donde todos de alguna forma intentaran protegerse o se muestran de una manera egoísta frente al tema
La obra nos muestra el trasfondo social de su país, donde cada cual, a ojos del autor, lucha por sí mismo y por sobrevivir de la mejor manera sin importarle nada más. He ahí los rasgos morales mencionados en un principio.
Otro punto importante de destacar, es el rasgo anecdótico y hasta irónico que posee, el que se ve representado en los paréntesis dentro de la obra, con lo que de alguna forma se burla de lo que sucede: “El aire guatemalteco es tóxico -dijo él. (Tal vez eran los gases emitidos por tantos volcanes?)-. La gente que vive aquí es como de piedra, es gente muerta.” (p. 121).
En esta obra, se reafirma entonces, la idea de mostrar realidades, sin ocultarlas, permanente en la obra de Rey Rosa, continuando con su escenario favorito, Guatemala, tratando temas profundos de una sociedad cada día más egoísta y demostrándonos con su brevedad que la máxima que “a veces menos es más”.



Crítica Literaria

Rodrigo Rey Rosa es uno de los narradores contemporáneos más originales dentro de la literatura guatemalteca. Es difícil situarlo dentro de una tradición literaria guatemalteca, o aún dentro de una tradición literaria latinoamericana. Por algo coinciden muchos críticos es que Rey Rosa es un narrador “sin patria ni tradición”. La obra de Rey Rosa destaca por su originalidad, sobriedad, ambigüedad y misterio. En mucho de su obra se puede apreciar técnicas de la novela negra, a modo de demostrar la cruda y muchas veces cruel realidad de la Guatemala del principio del siglo XXI.

Según Roberto Bolaño:

Los cuentos de Rodrigo Rey Rosas no los ha escrito nadie en lengua castellana. Antes que él hay grandes cuentistas, incluso un cuentista genial, que es Borges, pero los cuentos de Rey Rosas nadie los ha escrito. Son absolutamente propios. Creo que Rey Rosas es un autor que será estudiado dentro de cincuenta años. Lo tendrán como un verdadero renovador del relato corto. Los territorios donde se mueve son territorios que únicamente le pertenecen a él y a su tradición, a lo que lleva detrás. Porque, desde luego, él no nace sabiendo escribir. (Bolaño, 2000)

La obra de Rodrigo Rey Rosa

Nicasio Urbina

La figura ascendente de la literatura guatemalteca es Rodrigo Rey Rosa (1958), autor de seis libros de narraciones, todos en Seix Barral, la mayoría de ellas ambientados en Guatemala y con alguna incidencia en la cultura centroamericana. Rey Rosa refleja en sus narraciones los problemas y los trabajos del hombre moderno en cualquier parte del mundo. La soledad y la pobreza, la crueldad y la locura, el sexo y la tortura, todos temas que encontramos en la literatura nicaragüense, mexicana o francesa, pero que en Rey Rosa han encontrado a un brillante expositor.


Los cuentos de Rodrigo Rey Rosa en "Ningún lugar sagrado" (1998) son cuentos crueles y extraños. La mayoría de los cuentos están ambientados en Nueva York, con personajes marginales de la sociedad y temas que inciden en la pobreza, la delincuencia, el esoterismo, los círculos poéticos y sus rencillas mortales, el psicoanálisis y el sexo. Un mendigo que vive bajo el Manhattan Bridge, se alimenta de desperdicios y aves que caza, prepara salsas suculentas y convida a los pobres que lo rodean, es asesinado por un amante celoso. Una chica que llega a Nueva York comparte el apartamento con un tipo que resulta ser fanático satánico con delirio de mesías. Un guatemalteco que ha huído de su país asiste a sesiones de terapia y la psicoanalista termina por enamorarse de él, mientras unos agentes secretos lo persiguen para matarlo. En fin, cada una de las narraciones representa una situación crítica, cruel, despiadada, pero Rey Rosa las trata con mucha ironía y mucha destreza, manejando a veces códigos foráneos a la situación, de forma que hay un desfase entre el ambiente evocado por el tema, y las acciones de los personajes. "Elementos", el último cuento de la colección, narra la historia de tres grupos de poetas en Nueva York que se odian a muerte. Las luchas entre los editores, los grupúsculos, los egos, le permiten a Rey Rosa ridiculizar el mundo de las capillas literarias, armar una estructura policial bastante bien urdida, y entregarnos un texto que nos intriga y nos revela los lados más mezquinos de la vida literaria.





En su novela de 1997 "Que me maten si..." Rey Rosa plantea una historia que a la vez combina la novela de espionaje con la denuncia de la violencia política en Guatemala, la sospecha de la trata de niños y la búsqueda de sí mismo. Con la brevedad y economía del lenguaje que caracteriza toda su obra, Rodrigo Rey Rosa nos lleva desde un pueblecito de Inglaterra llamado Fernchurch, hasta Chajul, en el altiplano guatemalteco, la tierra de Rigoberta Menchú, porque Lucien Leigh, novelista y escritor inglés quiere ver el lugar donde mataron al hermano de Rigoberta. En un segundo viaje de Leigh a Guatemala, para investigar un orfanato acusado de trata de niños, Leigh muere en un supuesto accidente donde se hundió la lancha en la que viajaba. Emilia es una chica guatemalteca que hace amistad con los Leigh y es quien finalmente va a esclarecer el crimen de Lucien. Ernesto es un joven guatemalteco, ex militar, que ahora ha regresado a la vida civil, conoce en la Universidad a Emilia y empieza una relación con ella, pero es misteriosamente asesinado. La trama de esta novela es intrincada y hay vacíos muy grandes en la información. Hay largas pausas y silencios en los que ocurren las cosas más importantes de la novela: la muerte de Ernesto por ejemplo, el naufragio de Lucien y el asesinato de Emilia, ocurren en momentos no representados en la narración, en los vacíos o los blancos del texto. Nos enteramos de estos eventos por las conversaciones que los personajes tienen en un tiempo posterior a los hechos, y nunca escuchamos una explicación o recuento de los detalles. Esto aparentemente no tiene mucho sentido, hasta que lo ponemos en el contexto de la sordera de Lucien y sus audífonos. Lucien ha modificado sus audífonos y los ha convertido en micrófonos que usa en sus investigaciones y espionajes. La señal de los audífonos no es constante, sino que va y viene permitiendo escuchar porciones o segmentos de ellas, pero no la comunicación completa. Es decir, que hay espacios vacíos o blancos en esas comunicaciones, similares a los que encontramos en el discurso de la novela. Una vez más entonces tenemos la estructura de la comunicación interrumpida, fragmentada, cargada de estática, de ruido. El ruido semiótico que entorpece la comunicación, el silencio. En la primera sección de la novela que consta apenas de tres páginas, Lucien Leigh dice: "Él siempre había estado a favor de las malas comunicaciones"(8).


Considerando todo lo anterior yo propongo esta tesis: "Que me maten si..." está construida en base a un sistema de malas comunicaciones, de mensajes interrumpidos e incompletos, comunicaciones suspendidas en el vértice de lo indecible. Su mismo título confirma esta tesis. "Que me maten si..." Mensaje interrumpido por algún elemento exterior inaplazable, mensaje interrumpido por la muerte o la violencia. Muerte también presente en el título interrumpido, en los puntos suspensivos que reemplazan al predicado del título. Dos misterios fundamentales de la novela, dos elementos que la estructuran por dentro y por fuera. Las malas comunicaciones, la muerte, el discurso interrumpido por la estática, por una mala alineación del satélite, por la violencia.


La mala comunicación es el problema principal de nuestras naciones, es el mal que está en la base de los fracasos políticos y los problemas personales. Mala comunicación que permite la corrupción y la estafa, mala comunicación que termina por minar las amistades y los amores. Me parece que la novela de Rey Rosa encierra una enseñanza muy importante que todos debemos aprender.

Entrevista a Rodrigo Rey Rosa

Por Marisol García

Los cuentos y novelas del escritor más comentado y acaso más nómade de Guatemala hacen poco por la promoción turística del país, pero permiten entender de un golpe la violencia y tensión que subyace en cada relación establecida dentro de sus límites. Éste es un narrador que habla de la Guatemala dura, la de “el país más hermoso con la gente más fea”. La frase es culpa suya.

Loros que recitan a Rubén Darío. Un preso amnésico que sólo puede comunicarse a través de un cuaderno. Un roommate del infierno que convierte a un departamento de Manhattan en un altar de magia negra.
Parecerá paradójico que la obra que ha dado vida a estos dislates sea destacada en el mundo de las letras hispanas por su excepcional realismo. No sólo se aplaude la verosimilitud de su lenguaje, sus descripciones, sus diálogos; sino que Rodrigo Rey Rosa (Ciudad de Guatemala, 1958) carga con la impuesta responsabilidad de haber dado a conocer a Guatemala a través del conjunto de once publicaciones (entre colecciones de cuentos y novelas) que desde 1992 acompaña, con relatos austeros pero muchas veces durísimos, a un país tan desequilibrado como la vida centroamericana, esparcido entre la generosidad de la selva, la violencia y corrupción hasta límites intolerables en las ciudades, y la convivencia con un debate resignado a su condición de sociedad en permanente formación.
“La falta de violencia en la narrativa actual me parece sorprendente”, ha dicho, sin afán heroico alguno.




Del grupo de narradores cuarentones y latinoamericanos con los que suele asociársele, Rey Rosa habla como de un amigo lejano: “Me halaga que les interese mi trabajo, pero no veo por qué. En todo caso, confío en que la base de las relaciones humanas son los malos entendidos”, observa y ríe. Con algunos de ellos (Roberto Bolaño, Rodrigo Fresán, Santiago Gamboa), el guatemalteco compartió el reciente proyecto de editorial Mondadori para novelar por encargo la vida de una ciudad cualquiera. Tren a Travancore es el resultado de su parte y su más reciente publicación en Chile, un libro en forma de cartas ⎯más bien e-mails⎯ que lo obligó a pasarse cuatro meses en Madrás, India. “Digamos que es una novelita epistolar. Escribí cartas porque no veía qué más podía hacer”, lo explica.
Alrededor del escritor guatemalteco vivo con más presencia en los medios latinoamericanos circulan ciertas constantes: las estupendas críticas a sus libros de ventas modestas, su biografía errante, y la mención en cada entrevista a su estrecha amistad con el fallecido Paul Bowles. Pero Rey Rosa dista de ser un teórico de la oportunidad. Le preocupan, por ejemplo, convenciones, como no perder la fidelidad de su lector. “Quizás es algo pasado de moda tener a un lector en mente, pero a mí me sirve de inspiración”, explica.
⎯Tus cuentos y novelas parecen demasiado imaginativos y sin embargo enseñan sobre los lugares en que transcurren. ¿Te preocupa equilibrar realismo e invención?
⎯Depende de lo que uno quiera hacer, ¿no? Llevar el lector a dónde uno quiere, yo creo que es un problema de retórica. De ser preciso y ajustarse a la realidad para que él crea algo a través de tu relato. Si quieres, al final, puedes quitarle la alfombra y tumbarlo, pero ya lo tienes en la trampa. Es un ilusionismo, ¿no?
⎯¿Qué hay de malo con el realismo puro y duro?
⎯El realismo duro, el de la novela española de Galdós, qué sé yo, es tan realista que es irreal. La realidad no es tan real como eso. Hay todo un aspecto de la realidad que no vivimos como si fuera historia dura. Entonces me parece que introducir el elemento imaginativo es darle aire a tu texto e incluso hacerlo más verosímil. Lo que uno quiere realmente es dominar, dirigir la fantasía del lector, ¿no?.
⎯Con el lector confiando en ti.
⎯Él debe confiar en ti, claro. Me interesa que mis descripciones se ajusten a la realidad para que el lector me crea, aunque al final lo haga dudar. Borges lo hace muchas veces, cuando el narrador es el propio canalla. Eso es, también, un efecto.
El nombre de su admirado Jorge Luis Borges surgirá más veces en la conversación con un escritor autodidacta, cómodo en la relación de categorías literarias pero confeso receloso de la Academia y lo que llama “capillas de escritores”. Del insigne argentino, Rey Rosa aprendió entre otras cosas el aprecio por los códigos de los géneros policial y de ciencia ficción, puestos ambos en práctica en relatos como “Cárcel de árboles”, “La orilla africana” y “Piedras encantadas”, tres de sus más celebradas publicaciones. Ya hablamos sobre la estupenda crítica a su obra, sobre todo en España. El chileno Roberto Bolaño ha descrito su literatura “como una piscina de cristal, un gran acuario lleno de reptiles”.
⎯Muchas entrevistas resaltan tu carácter solitario, o al menos marginal a los círculos literarios. ¿No tienes amigos escritores?
⎯No frecuento ningún círculo literario, pero sí que tengo amigos (ríe). Me aburre un poco, porque como se forman capillas, que es algo inevitable, y se trata de a quién acatar y se vuelve un poco político… más aburrido todavía.
⎯Se leen estupendas críticas tuyas afuera y algunas muy odiosas aquí en Guatemala.
⎯Aquí han criticado incluso artículos que yo he escrito, diciendo que mi quehacer es hablar mal de Guatemala para agradar a los extranjeros. Hay un nacionalismo muy falso.
⎯Pero en Piedras encantadas (2002) describes Guatemala como “el país más hermoso, la gente más fea”. ¿No es suficiente para ganarte enemigos?
⎯Tal vez debí decir “el país más hermoso, la ciudad más fea” porque me refería particularmente a la gente de la capital, donde ocurre la historia. La gente de la capital no me parece especialmente atractiva, no sólo por el aspecto físico. La actitud de la mayoría aquí es bastante desagradable. Y por esa actitud, de resentimiento o de arrogancia, de odio o de miedo, mucha gente que podría parecer atractiva, se afea.
⎯¿Es diferente en el resto del país?
⎯Para mí hay dos Guatemalas: el desencanto es hacia la Guatemala urbana blanca. Si escribo sobre el Petén (la selva), aunque haya violencia se transmite el amor que yo siento por ese lugar. Aquí, en la ciudad, quizás pueda entender más la violencia y la impunidad. Pero me parece mucho más triste.
⎯Pareciera que no hay otro tema en tu obra que Guatemala.
⎯Supongo que es mi fatalidad. Yo creo que los temas no los escoge uno sino que te tocan. Es como mi materia prima. A la hora de definir de dónde hablo, es desde mi experiencia como guatemalteco, aunque esté en Marruecos. Soy alguien que nació y vivió aquí la mayor parte de su vida y no es eso algo que se pueda elegir.
⎯Se nota esto en Ningún lugar sagrado (1998), un libro sobre Nueva York que al final habla sobre Guatemala.
⎯Sólo eso puede ser. Viví unos años en Nueva York y cada vez que puedo irme al extranjero me voy; y si me puedo ir largo, pues mejor. He vivido quince años fuera tal vez, y nunca tengo nostalgia de Guatemala. Es más la curiosidad.




⎯Tu opción por la literatura parece haberte dado gran libertad de movimiento.
⎯Creo que es el privilegio de esta clase de vida. Si alguien joven e interesado me lo preguntara, yo le diría que no dude. La literatura tiene muchos compromisos, pero yo no me arrepiento en ningún momento. Beneficios económicos sí que no; hay que tener mucha suerte para poder salir adelante y en países como Guatemala hay aún menos margen de maniobra.
El ruido y la tensión de Ciudad de Guatemala parecen lo menos recomendable para un escritor. Son las traducciones de obras ajenas las que ocupan principalmente a Rey Rosa en sus temporadas urbanas. Para la obra propia, prefiere alguna cabaña en medio de la arrebatadora selva de Petén, al norte del país, o derechamente el extranjero.
⎯¿Fue por eso que te quedaste siete años en Tánger?
⎯Es ideal para escribir, el aislamiento perfecto. En eso de buscar lugares soy un poco supersticioso y pragmático al mismo tiempo.
⎯Y fue también en Tánger donde te ocupaste de traducir obras de Paul Bowles (quien, a su vez, tradujo varios cuentos de Rey Rosa al inglés).
⎯Traduje dos novelas, dos colecciones de cuentos y un libro de viajes, todo lo que encontré que no habían traducido. Él lo leyó y lo aprobó. Hablaba perfectamente español, aunque también árabe, porque en Tánger se habla mucho español, quizás más que francés. Existe una colonia muy numerosa de andaluces.
⎯Imagino que no es grato todo lo que se te pregunta sobre tu amistad con Bowles, un escritor que ya va para mito.
⎯Más que nada, es una persona que todavía le guardo mucho cariño. Pero sí que hay una connotación, una idea prefabricada, acerca de varias cosas alrededor de Bowles que a veces me molestan.
⎯¿Cómo cuáles?
⎯La mayoría son realmente mitos, no sé. Yo conocí a un hombre muy mayor, su relación con los beats la recordaba como un accidente. Él no era un beat. Era un caballero de Nueva Inglaterra, muy reservado. Y muy generoso al mismo tiempo. Él fue amigo, correspondió con Ginsberg y con Burroughs toda la vida, pero literariamente no tenían nada en común, nada más que una postura ante Estados Unidos y la manera de vida norteamericana. Ahí sí los podías asociar. Pero no con un proyecto estético.
⎯Tengo entendido que estuviste con él hasta un día antes de su muerte.
⎯Él ya estaba en el hospital y yo lo iba a ver todos los días, cada vez que podía. Ya estaba muy débil, pasaba dormido casi todo el tiempo.
Reflexión, no denuncia
⎯La crítica te distingue por el tono de “denuncia moral” que tendría tu literatura. ¿Cómo te cae tanta responsabilidad?
⎯Cuando me lo dicen, yo digo “¿ante quién?”. Porque lo que yo escribo ya se sabe, no lo estoy descubriendo. No es como que aquí hay más escándalos ni es más horrible ni hay una frecuencia mayor de atrocidades. En Chile han pasado cosas peores. Si uno lo escribe no es porque sea una materia nueva, sino por hacer un comentario constante. Reflexión, no denuncia.
⎯Son textos tensos, los tuyos.
⎯Pero eso no es formalmente denuncia. Sí me interesa la tensión, creo que es necesaria en la narrativa, eso sí es algo buscado. Pero yo no estoy haciendo público nada nuevo. Estas cosas, la violencia contemporánea, se saben y todos somos cómplices de cierta manera.
⎯Como guatemalteco, imagino que te ha tocado vivir en un ambiente tenso.
⎯Ahá. Son textos que reflejan mi medio. Pero hoy en día no sé de qué país se pueda hablar sin que exista tensión. ¿Belice, tal vez? Escandalizarse me parecería ingenuo, fingido. Porque también yo me siento cómplice de lo que está mal.
⎯Retratas a veces al bandido muy lejos del juicio. ¿Te interesa ponerte en el lugar del corrupto, intentar comprenderlo?
⎯Pues claro, yo creo que es nuestro deber. Porque en cierta medida, nosotros somos corruptos también. Parto de la base que yo también soy parte del problema. Buenos y malos estamos mezclados. Ya te quiero ver si te piden algo y te ponen un saco de dinero en frente, a ver cómo reaccionas. Entonces no quiero que parezca que en Guatemala tengamos el monopolio de la maldad o de la corrupción. Aunque ahora parece que sí vamos subiendo… [ríe].
⎯No es raro ver a escritores emitiendo juicios políticos que rayan en lo moralista.
⎯Pues yo creo que es una gran hipocresía, aunque tal vez en un momento de guerra sea necesario tomar partido. Tal vez hace diez años tenías que tomar parte. Si hay guerra, el heroísmo se vuelve casi un deber. Pero los escritores más interesantes aquí fueron los que, en ese momento, escribieron sobre la guerrilla y vieron que incluso ahí estaba podrido. Eso sí que es arriesgado y valiente.
⎯¿Cómo cambia ese riesgo ante la actual situación política?

⎯Se vive un momento interesante en Guatemala. Tomar partido es difícil, los referentes hay que inventárselos un poco. Yo nunca he sido parte de un partido; nunca he votado, aunque me da vergüenza decirlo. La única posición política que he tomado es no inscribirme en el ejército guatemalteco y, por lo tanto, no podía votar, pues entonces era condición. Ahora, con el panorama electoral, no veo por qué cambiar. Es muy frustrante. Pero no vamos a hablar de política porque es muy aburrido.
⎯Pero tus libros sí se pueden leer buscando claves políticas para comprender mejor a Guatemala.
⎯Pero es que la de este país es una política… ¡tan intrusiva! Vivimos hablando de política. No hay nadie que no sea político.
Viejas y Nuevas Voces de Guatemala
⎯¿Te interesa vincularte de algún modo a la tradición literaria guatemalteca?
⎯O sea siempre me preguntan por [Miguel Ángel] Asturias y mi respuesta es que él no es el tipo de escritor que yo quise ser. Aparte de sus logros, la clase de texto que él hace a mí no me interesa. Y ahí se muere la conversación [ríe]. De su poesía he leído cosas que sí son muy buenas, pero como prosista, como narrador, no tiene nada que ver con lo que a mí me interesa. Es esa prosa poética, llena de fuegos artificiales… hay juegos que a mí me parecen de un virtuosismo que hay que evitar. El Asturias que leí fue el que lo tuve que leer. Y lo admiro pero no lo sigo.
⎯¿Es vivo el círculo literario actual de tu país?
⎯Bastante, sí, sí. Por el conflicto interno aquí no se publicó por mucho tiempo. Un poco antes de la firma de la paz [1996], del final de las hostilidades, había una actividad editorial grande. Y no ha parado. Tras una represión cultural muy fuerte, comienza a haber mucha música, arte, instalaciones. Se descubrió el arte contemporáneo. Se empezaron a hacer cosas que se deberían haber hecho en el año 70.
⎯¿Es a tu pesar que se te presenta como una suerte de embajador de otro grupo de escritores guatemaltecos jóvenes?
⎯Y al de ellos, probablemente [ríe]. Pero trato de evitar hablar… quizás de literatura Centroamericana es más fácil, pero aquí [en Guatemala] es una literatura que ha estado en estado incipiente mucho tiempo. No hay un cuerpo literario, no hay crítica literaria tampoco, aunque sí se publica mucho.
⎯Te apasiona la literatura. ¿No harías clases?
⎯Pues si me pagan mucho dinero… [ríe].
⎯Hay quienes creen que la vida académica es la muerte de un escritor.
⎯¡Pero mira a Nabokov! Si hay mucha necesidad económica supongo que es mejor morir literariamente que físicamente (ríe), porque ahí sí que quizás puedes resucitar.

El sueño de Sebastián: de la obra a la película





“Lo que soñó Sebastián” (1994) fue la primera novela de Rey Rosa con tono realista y ciertas inflexiones de denuncia sobre la corrupción y el descalabro ecológico.
El protagonista, un criollo citadino, se muda a lo profundo de la selva petenera, a una cabaña a la cual se accede sólo por cayuco, un territorio similar al que había presentado en la colección de cuentos “El agua quieta”.
Ahí intenta establecer La Ensenada, su propiedad, como retiro espiritual y un santuario de la vida silvestre. Sin embargo, las relaciones violentas de los pobladores del lugar dificultan su propósito; en particular el asesinato de Juventino Ríos por Roberto Cajal, miembro de una familia de cazadores. De alguna forma se escenifica el conflicto entre las aspiraciones ecologistas de un adinerado citadino, con las necesidades pragmáticas de los pobladores empobrecidos.
En “Lo que soñó Sebastián” también se mezcla el intento por rescatar el sitio arqueológico Punta Caracol y, por medio de la muerte de Constantino Paz, denunciar la represión contrainsurgente.

“Lo que soñó Sebastián” es una novela breve, sólidamente construida, que explora la
“dulzura inocente y crueldad brutal” que le brinda “su matiz peculiar a la personalidad colectiva del lugar” (LSS, p. 36).
La edición española de esta novela corta, incluye relatos.
Rey Rosa, Rodrigo. Lo que soñó Sebastián. Barcelona: Seix Barral, 1994. 173 pp.



Recientemente fue presentada en el Sundance  Film Festival 2004 la que ha  sido su primera película Lo que soñó Sebastián, basada en su propia novela y dirigida por él mismo.











La película se puede ver online o bien descargar directamente de la página de Alberto Fuguet "Cinépata", en condiciones absolutamente legales.
http://cinepata.com/videos.php?id=37


Las obras




  • El cuchillo del mendigo; El agua quieta. Barcelona, Seix Barral, 1992.
  • Cárcel de árboles; El salvador de buques. Barcelona, Seix Barral, 1992.
  • Con cinco barajas: antología personal. México, UNAM, 1996.
  • Lo que soñó Sebastián. Barcelona, Seix Barral, 1994.
  • El cojo bueno. Madrid, Alfaguara, 1996.
  • Que me maten si… Barcelona, Seix Barral, 1997.
  • Ningún lugar sagrado. Barcelona, Seix Barral, 1998.
  • La orilla africana. Barcelona, Seix Barral, 1999.
  • Piedras encantadas. Seix Barral, 2001
  • El tren a Travancore, 2002
  • Caballeriza. Seix Barral, 2006
  • Otro zoo, 2007
  • Siempre juntos y otros cuentos. Almadía, 2008
  • El material humano. Anagrama, 2009

Contexto de producción



Las obras de Rodrigo Rey Rosa, están muy ligadas al acontecer en su país, sus escritos se están entonces fuertemente marcados por el contexto en el cual se desenvolvía el autor. Dicho contexto se traduce principalmente en la guerra civil de Guatemala.

Se presume que el origen de esta guerra se remonta a 1954 con la intervención estadounidense en el país, para derrocar al gobierno de Jacobo Arbenz, a través de un golpe de Estado similar al acaecido en Chile en 1973, que tiene como principal actor a la CIA norteamericana que pretendía tener en América gobiernos acorde con sus propios intereses, representados por el caudillo designado por la administración de Dwight Eisenhower, Carlos Castillo Armas, por otros grupos anticomunistas, entre otros. Luego del golpe de Estado asume, en 1958, el General Miguel Ydígoras Fuentes, trayendo consigo interminables luchas entre el Estado y sus opositores durante más 36 años.
“El horror de una Guatemala condenada a la violencia, a las masacres, los golpes de estado, son el escenario donde se mueve Rey Rosa, mientras lee fichas de detenidos y, sin saberlo, comienza a entrar a un lugar donde no es bienvenido.”